lunes, 21 de enero de 2013

Refugio

La calidez me sumerge en un mar de suspiros inesperados que saben dulce y embriagador, al leve instante en que el viento pareciera desaparecer el pensamiento de intentar sin temer cruje en mi cuerpo provocan dome escalofríos y retorcijos en partes tan delicadas de mi cuerpo que no tardo en arder.


Me voy encogiendo cada vez más, mas y más pequeña ante las miradas inexpresivas y banales de la gente, pero tu, me ves, me sientes... sabes que existe a pesar de lo pequeña que llego a ser, sin tener miedo de lo que estoy sintiendo me encapricho con el sabor de tus besos libinidosos y posesivos que me desprenden de las vergüenzas y temores.

-Dime que quieres- dices en tono desafiante, pero con la mirada encendida, y aturdida por el golpe de emociones que me transmites me hecho en tus brazos a hundo mi nariz en tu pecho.
-Solo quiero que seas sincero- te digo sin alzar la voz, porque la verdad que es lo que mas temo, que para ti todo esto sea un juego.
-Pequeña, solo quiero cuidarte, dejame cuidarte...

Es lo que más necesito. Y a través del tiempo eso me ha mantenido en pie y ha alargado la agonía, sobreencogiendome aquí, en el refugio persistente, atemorizador pero cálido que me han otorgado tus palabras desde lo profundo de tu sentir.

Me recuesto sobre una suave y larga sabana aterciopelada y de pálido color, la tenue luz que irradia una lampara a mi costado me hace temblar ante el recuerdo de nosotros dos persiguiendo el atardecer sin más que perder.

Me revelo desde el oscuro sentimiento que adopté por temor y rabia, irradiandome de la luz que hayo en tu mirada.. profunda y temerosa, pero fuerte e imprevisible, sosteniendo tu mano..
sin deseos de volver a soltarla.

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