Te has desvanecido frente a mis pupilas, entre el miedo ensordecedor y las lágrimas infernales, te perdí justo cuando comenzaste a ser importante para mi, claramente sin quererlo, pero no supe aprender de ti.
Corrí detrás de los recuerdos con los talones rasgados y las piernas temblando por el cansancio, no importo... sé que el dolor valdría la pena si en el camino llegaba a ti.
Temblé entre suspiros anhelando tus abrazos, aquella silueta envolviéndome en la noche alegre y divertida para todos, menos para mi... que yacía sufriendo en la penuria de la soledad, solo eso deseaba, tu calor.
La debilidad que me acongoja en estos momentos es impresionante, pero no quiero que me domine, sé que te has marchado y que nada de lo que puedas recordar o sentir te hará permanecer a mi lado.
Voy detrás de tus palabras, renaciendo de tus errores, deseando que el silencio sea lo suficiente largo para ver aquel que logró un día quitarme el habla y leer mis pensamientos.
Te sueño cuando la noche cae en desvelo y los rayos de sol comienzan a disiparse entre las montañas, y nada es lo suficiente perfecto para mantenerme centrada en ese momento.
No te pienso, solo te siento, a medida que los minutos avanzan solo puedo decirte que te quiero, ignorando los temores del pasado, y evitando que la amargura penetre tan profundo que me lleve a la oscuridad.
No sé cuantos minutos de mierda seguiré maldiciendote en sueños, pero te deseo... con temor de despertar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario