Como estrellas caídas, desechas y agotadas.
Tus pies se debilitan y solo son las cuatro de la tarde.
Solo son tardes negras... carentes de alegría o emoción.
Clavados en el calendario, desperdiciando espacio.
¿Siquiera existe un interruptor aquí?
¿Una cabina telefónica?
¿Corazones perdidos?
Claustrofobicos, pero aún así encerrados en su caparazón.
De nada sirve el frío, ni el calor, si siempre hay control.
Limitaciones.
Frustraciones.
Y, ¡vuelves a gritar!
Seis de la tarde y no hay sol. Es solo otro día nublado, banal, y apestoso en mi vida.
Maldita tarde, ¿porque no puede ser todo eterno?
Que tus quejas se hagan nulas, que el viento no cece, que el calor deje de agoviarnos la maldita existencia, que solo hayan pedazos de alegría y tus labios sepan dulce.¿Que haces aquí?
Varado en la inmundicia de mi recuerdo, ausente en el presente.
No guardo rencor, rabia, alegría, venganza, nada que pueda dañar allá afuera.
Solo son mis tardes negras, en que lo único que guardo son las lágrimas que desgarran mi interior.
Y el silencio que esta siempre presente y latente en estas maditas tardes negras de soledad.
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